
Lo tengo aquí anotado1, ante mí: Jardines de Sabatini2, 06/06/09, 17’53. Debería añadir: Madrid. Pero no lo necesitaba. Eran mis notas apresuradas, con letra rápida de médico de ambulatorio, escritas a lápiz en las octavillas que siempre llevo entre las páginas de los libros que estoy leyendo. No recuerdo el libro de aquel día, pero recuerdo con precisión que aguardaba la hora de una cita para acudir a un recital de Juan Diego Flórez3, en las afueras del Teatro Real, sobre el que ya escribí en otro lugar. Y recuerdo que era un día soleado.
Me senté, como al final de un verano de hacía 40 años -exactamente 40, 8 veces 5-, en uno de los desnudos bancos de granito que miran a la fachada norte, la de los jardines, claro. La fachada del rosetón y el frontispicio. Era el verano del tránsito: iba a empezar Matemáticas en la Universidad. Entonces no estaba yo solo. Me acompañaba un colega de Instituto. Y debatíamos. Sin ponernos de acuerdo, señalando los detalles del rosetón flamígero, con su enorme sol animado del centro. ¿Era un mensaje de los maestros alquimistas? Hoy estoy seguro de que no. Sabatini es a la alquimia lo que una zapatilla a un pincho de tortilla. Hoy, incluso, me parece una ingenuidad suponerlo siquiera como hipótesis. Pero en la primera juventud se piensa de otra manera. Sobre todo, cuando la curiosidad y el ansia de saber te hacen sumergirte, sin distinguir, en cualquier mar donde se adivinen respuestas, sean o no sus aguas procelosas o traicioneras. Pero aquel debate todavía duró unos meses: él hizo una foto del rosetón, la amplió y me la envió, haciendo hincapié en algunos detalles.
Atropellábamos aquel día principios elementales de la lógica aristotélica. Que los sabios de la antigua filosofía hablaran a través del lenguaje de las piedras, con el gótico, no significa, más bien al contrario, que la arquitectura sea un compendio del saber. De hecho, hay hoy una arquitectura muda, nacida de la revolución industrial, realizada por ignorantes. Como si un analfabeto se afanara en copiar, imitándolos, los signos gráficos que componen la obra de Cervantes, por ejemplo. Lo que componga se parecerá al Quijote, pero no será el Quijote, ni siquiera será literatura. Mucho de lo construido hoy serán edificios, estará diseñado por arquitectos, pero no es arquitectura, si es que la arquitectura sigue siendo una de las bellas artes y por ella entendemos, por ejemplo, el diálogo que los materiales y el espacio mantienen para acogernos.
Prostituimos los lenguajes, por ignorancia o por interés. Y confundimos los lenguajes con aquello que describen, los medios con los fines, la forma con el fondo, el continente con el contenido, sin entender su relación dialéctica, que entre sí se condicionan4. Y generalizamos, a nuestro interés y según el lenguaje de que se trate, dando por sentado que todo lenguaje intrincado es necesariamente oscuro o esotérico o está hecho para privilegiados. No es verdad. Entender un tratado sobre espacios de Hilbert, por ejemplo, sólo requiere una preparación adecuada. En realidad sólo es un paso más allá del espacio euclidiano, el habitual, con el que nos manejamos diariamente. Como hablar inglés, y hoy todo el mundo admite que cualquiera puede hablar inglés. Quien no se prepare para entender ese lenguaje bien puede pensar que ese tratado, sobre los espacios de Hilbert, no pasa de ser una superchería. Las matemáticas sólo son un lenguaje, un instrumento, con multitud de dialectos.
Hoy no importa qué se dice ni cómo se dice. Quizá porque se actúa como el analfabeto que reproduce el Quijote, es decir, sin conocer lo que se dice. Se desprecia el conocimiento, mientras se comercia con el saber. El conocimiento ha dejado de ser una aventura amorosa que, como tal, rinde frutos en términos de éxitos y de fracasos, pero que siempre nos cambia. O es útil o no interesa. Lo que importa es que lo que se dice pueda venderse. Así se explica que pueda escribirse una saga como la de Harry Potter, de J.K. Rowling, a despecho del significado de lo fantástico. Lo fantástico sólo es allí un recurso literario, un medio de cocción, un modo de encadenar aventuras, mientras que en El señor de los anillos, de J.R.R. Tolkien, es la aventura misma, la cocción propiamente dicha, la sustancia, el debate de la vida, el recorrido iniciático, renovador, transformador, el viaje hacia la casa del Padre. Se ha olvidado lo sustantivo, para dedicarnos a lo adjetivo. Oh, frivolidad.
Para la ciencia, a veces, es duro encontrar una palabra, un verbo, la frase que expresa una idea. Einstein tuvo que esperar hasta 1905 para formular la teoría de la relatividad especial, aquélla que relaciona masa, energía y velocidad de la luz: e = mc2. Una vez formulada, pareció el enunciado de una evidencia, pues era una relación establecida desde el siglo XVIII, para la medida de la energía cinética5 de un cuerpo. Cinco años antes, en 1900, Plank, refiriéndose a las vibraciones y a la energía que éstas producen había escrito: e = hf, donde h es una constante y f la frecuencia de tales vibraciones. Tuvieron que pasar casi 20 años más, hasta 1923, para que Louis de Broglie se atreviera a igualar ambas ecuaciones y escribir: hf = mc2, expresando, de ese modo, lo que la experimentación había venido mostrando: que el fotón es, al tiempo, onda y corpúsculo o, lo que es igual, que la luz está formada por “granos” de materia, cada uno de los cuales lleva asociada una onda. La experimentación también había dicho que no era posible observar simultáneamente ambas cualidades del fotón y abrieron la puerta al principio de indeterminación de Heisenberg.
La física hace afirmaciones sencillas, tras recorrer caminos intrincados y tortuosos, mediante el lenguaje árido, difícil y especializado de las matemáticas. Los maestros de la filosofía antigua utilizan el lenguaje común, pero cifrado, por lo que aproximarse a su sabiduría requiere, también, recorrer caminos intrincados y tortuosos, y grandes dosis de determinación y esfuerzo. Cuando ellos hablan del plomo y el oro, por ejemplo, hablan, en realidad, del hombre corriente y del hombre transfigurado. El conocimiento es ligero, pero no es gratis.
Recordaba ahora a la profesora de filosofía, que nos acercó a la vieja sabiduría a un pequeño grupo elegido. De un modo ingenuo, como si en ella se hubiera reencarnado Sócrates. Recuerdo alguna pregunta, como si fuera una trampa, con la que buscaba retratarnos, y mi respuesta, la duda, la duda metódica que luego me reclamaban los maestros. No creer, no aceptar, comprobar, volver a comprobar, repetir, volver a repetir, como exige el método científico. Recuerdo una reunión de estos estudiantes en el colegio mayor y recuerdo que alguien, no recuerdo quién, lee un texto que no entendemos, aunque suena a conocido. Era una sensación que había tenido antes con algunos poemas de Góngora o de Perito en Lunas de Miguel Hernández. Pudo haber sido la Conclusión de un libro6:
“La Naturaleza no abre indistintamente a todos la puerta del santuario.
Tal vez descubrirá el profano en estas páginas alguna prueba de una ciencia verdadera y positiva. Pero no creemos que podamos alardear de convertirlo, pues no ignoramos la tenacidad de los prejuicios y la fuerza enorme del recelo. El discípulo sacará de ellas mayor provecho, a condición, empero, de que no menosprecie las obras de los antiguos filósofos, de que estudie con cuidado y penetración los textos clásicos, hasta adquirir la clarividencia suficiente para discernir los puntos oscuros del manual operatorio.
Nadie puede aspirar a la posesión del gran Secreto, si no armoniza su existencia al diapasón de las investigaciones emprendidas.
No basta con ser estudioso, activo y perseverante, si se carece de un principio sólido y de base concreta, si el entusiasmo inmoderado ciega la razón, si el orgullo tiraniza el buen criterio, si la avidez se desarrolla bajo el brillo intenso de un astro de oro.
La ciencia misteriosa requiere mucha precisión, exactitud y perspicacia en la observación de los hechos; un espíritu sano, lógico y ponderado; una imaginación viva sin exaltación; un corazón ardiente y puro. Exige, además, una gran sencillez y una indiferencia absoluta frente a teorías, sistemas e hipótesis que, fiando en los libros o en la reputación de sus autores, suelen aceptarse sin comprobación. Quiere que sus aspirantes aprendan a pensar más con el propio cerebro y menos con el ajeno. Les pide, en fin, que busquen la verdad de sus principios, el conocimiento de su doctrina y la práctica de sus trabajos en la Naturaleza, nuestra madre común.
Por el ejercicio constante de las facultades de observación y de razonamiento, por la meditación, el neófito subirá los peldaños que conducen al
SABER
La imitación ingenua de los procedimientos naturales, la habilidad conjugada con el ingenio, las luces de una larga experiencia le asegurarán el
PODER
Pudiendo realizar, necesitará todavía paciencia, constancia, voluntad inquebrantable. Audaz y resuelto, la certeza y la confianza nacidas de una fe robusta le permitirán a todo
ATREVERSE
Por último, cuando el éxito haya consagrado tantos años de labor, cuando sus deseos se hayan cumplido, el Sabio, despreciando las vanidades del mundo, se aproximará a los humildes, a los desheredados, a todos los que trabajan, sufren, luchan, desesperan y lloran aquí abajo. Discípulo anónimo y mudo de la Naturaleza eterna, apóstol de la eterna Caridad, permanecerá fiel a su voto de silencio.
En la Ciencia, en el Bien, el Adepto debe para siempre
CALLAR."
Parece una declaración de amor. Y parece el relatorio que se le hace a un estudiante de física teórica, cuando está a punto de acceder al secreto de la energía atómica. Y se le pide silencio, la más sagrada reserva a fin de que ese secreto no salga nunca del laboratorio, para evitar que caiga en manos del primero que pasa por la calle, porque el primero que pasa por la calle no puede disponer de un poder ilimitado de destrucción7.
Aquellas inquietudes quedaron allí, en la perplejidad de aquellos años, pero no ha cesado la indagación ni la búsqueda. Me sigo haciendo las mismas preguntas y no creo haber avanzado un milímetro aunque, como dicen los maestros, la luz nos sorprende un día como a San Pablo. Picasso lo dijo de otra manera: la inspiración existe, pero te ha de pillar trabajando.
Tenía lo convicción, entonces, y la mantengo hoy, de que el conocimiento no es mera acumulación de saberes, sino un proceso de transformación, en el que uno acaba por no ser el mismo. Lo he vivido a mi alrededor y me han tocado algunos ejemplos. Tuve algún profesor en el que mirarme. También lo he visto cuando he mirado hacia oriente. En la vida de los místicos. En algunos versos de muchos poemas. Y los alquimistas lo afirman cuando se refieren al plomo que deviene en oro. La luz no es otra cosa, seguramente, sino la propia transformación. Los budistas, los místicos lo dicen de otra manera, pero también lo afirman. Desde luego, yo no soy el mismo.
Hace tiempo que rechazo los catecismos, cualquier dogmatismo en general. Y las creencias. Ciencia y creencias son incompatibles. Tanto tiempo de ese rechazo como hace que escucho cualquier palabra honesta, la pronuncie quien la pronuncie. Escucho, incluso, a mi perra, desde hace tiempo, o a los peces del acuario, más recientemente, a las plantas que cuido y riego, a los que están cerca de mí, al tuareg que no conozco pero que me habla desde su libro de experiencias, a mi lápiz, a cada cosa que me encuentro y me sorprende. Todo tiene su lenguaje y aquí tratamos de ayudar a desentrañarlo8.
Alan Parson, Fall of the house of usher, Prelude
NOTAS:
- Lamentamos el retraso en la publicación de las entradas prometidas en la introducción de esta bitácora. Lo cierto es que tenemos algunos problemas en la edición de determinados signos, símbolos y dibujos que han de formar parte de los textos. En cuanto los resolvamos, empezarán a aparecer.
- Francesco Sabatini fue el arquitecto que terminó el palacio real, llamado de Oriente por algunos, y a quien deben su nombre los jardines del lado norte. Los planos eran de Filippo Juvara, sobre los que Juan Bautista Sachetti, su discípulo, hizo algunas modificaciones.
- Juan Diego Flórez, tenor peruano. En los veranos, desde hace dos años, el Teatro Real, a iniciativa de la Asociación de Amigos del Teatro Real, saca a la calle la ópera mediante una pantalla gigante que se instala en la fachada oeste. La gente disfruta del recital desperdigándose por el césped u ocupando las sillas que el ayuntamiento coloca por los espacios y paseos de la plaza.
- Dos ejemplos. Uno. El hombre es condicionado por el medio (“En un palacio se piensa de otro modo que en una cabaña”, dice F. Engels) y el hombre condiciona y modifica el medio. Y dos. Que los medios pueden acabar condicionando los fines que se persiguen parece evidente, incluso para un observador ciego que haga un repaso del estalinismo.
- e = ½ mv2. Esta igualdad está midiendo la energía de un cuerpo como consecuencia de su movimiento dentro del sistema en el que se observe. Einstein afirma que todo cuerpo tiene una energía, con independencia de cualquier otra, la cinética, la potencial, la eléctrica,… y del sistema en el que se observa, puesto que c es un valor absoluto.
- El misterio de las catedrales, Fulcanelli, Ed. Plaza y Janés.
- Jacques Bergier había mantenido una reunión en París con quien, según conjeturó después, debía ser Fulcanelli. Entre otros muchos temas, hablaron de alquimia y de alquimistas, y el contertulio defendía la necesidad del lenguaje cifrado, entre otras razones, decía, porque una bomba atómica se puede construir en una cocina con los medios que hay en cualquier cocina. Quizá fuera una exageración pero a Bergier le pareció verosímil. Y uno de los temores hoy es que esa técnica puede caer en manos de grupos terroristas o países en connivencia con terroristas. En el fondo es una técnica sencilla. Hay más: finalizaba la II Guerra Mundial cuando los servicios secretos americanos buscaron afanosamente a Fulcanelli, primero en París, luego por toda Europa, para incorporarlo al proyecto Manhattan. No lo encontraron.
- En este artículo han colaborado Clara y Paula Navarro.
FOTOGRAFÍAS:
- Jardines de Sabatini, Palacio Real, Madrid. Origen: Google.
- El Alquimista, Notre Dame, Paris. Origen: Google.




3 comentarios:
Estimado Juan: me ha casi emocionado, leer este post, hay tantas verdades, párrafos llenos de sentido común. Que me encantaría leerlo varios veces, asimilarlo, muchas personas les vendría fenomenal leerlo.
Te pondré entre los blogs que son fundamentales, Un abrazo y encantada de conocerte
Miro esos grandes edificios y me asombran,quedo maravillada,pero no me emociona,no me pone la carne de gallina como las clásicas en cualquiera de sus géneros y es que,ahora,se encumbra al individuo,no a la obra y parece que,ya por sistema,todo lo que haga lleva per se el sello de calidad, indiscutible, algo parecido al cuento del Rey desnudo.
El culto al ego nos hace olvidar sus obras.Abrazos
Se me ocurren muchas cosas, pero sería demasiado largo, así que intentaré resumir. El saber que reporta el conocimiento es como el aspecto saludable que proporciona una buena alimentación: los sanos nutrientes han de llegar llegar hasta la más humilde célula del organismo.
El mundo, ahora, transcurre inmerso en la modas; y las modas venden. Ahí está el fracaso. El concepto de valor ha cambiado de marco de referencia....
Gracias por la reflexión, es extraordinaria.
Un saludo desde la Enterprise.
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